El Ártico rompe el mito de la guerra de drones y expone los límites de la tecnología militar
Innovación
Mikel Felipe 2026-01-28 18:40:26
Durante décadas, los drones ocuparon un papel secundario en los conflictos armados. Existían y se utilizaban en misiones muy concretas, pero no marcaban el ritmo de una guerra. Esa lógica cambió en Ucrania, donde los sistemas no tripulados se convirtieron en una herramienta cotidiana, barata y omnipresente.
La experiencia reforzó la idea de que la guerra moderna será, inevitablemente, una guerra de drones. Sin embargo, esa conclusión no es universal. El Ártico está demostrando que no todos los escenarios aceptan las mismas reglas tecnológicas.
El creciente interés militar por el Alto Norte no responde a una moda, sino a un cambio profundo en el tablero geopolítico. El deshielo está abriendo nuevas rutas marítimas, facilitando el acceso a recursos estratégicos y reduciendo barreras naturales que durante décadas limitaron la presencia humana y militar.
En este contexto, la OTAN ha intensificado ejercicios y despliegues en la región, consciente de que Rusia parte con una ventaja estructural gracias a su experiencia y bases permanentes en el Ártico. Así lo ha explicado Javier Márquez en Xataka, donde analiza cómo esta región se ha convertido en un espacio clave de competencia estratégica.
El principal obstáculo no es el enemigo, sino el entorno. Las temperaturas extremas alteran el comportamiento de materiales y sistemas diseñados para climas más benignos. El caucho pierde elasticidad, los metales se vuelven más frágiles y los lubricantes se espesan hasta comprometer mecanismos esenciales. Un solo fallo por congelación puede dejar fuera de servicio un dron, un vehículo o un sistema completo, desencadenando una cadena de problemas operativos difíciles de corregir sobre el terreno.
A estas dificultades se suma el cielo. En latitudes extremas, las tormentas magnéticas y las auroras interfieren con las señales de radio y los sistemas de navegación por satélite. No se trata solo de perder precisión, sino de recibir datos erróneos de posicionamiento y sincronización, fundamentales para comunicaciones, sensores y armas modernas. En un entorno con escasas referencias visuales, cualquier distorsión adicional puede hacer que la navegación sea inestable o directamente inviable.
El problema se agrava con las interferencias intencionadas. El jamming afecta de forma más severa en el Ártico porque hay menos satélites visibles desde latitudes altas, debido a la curvatura de la Tierra. Cualquier interferencia tiene, por tanto, un impacto mayor. En el norte de Noruega, el regulador de telecomunicaciones Nkom registró seis fallos de GPS en 2019 y 122 en 2022, y desde finales de 2024 ha dejado de contabilizarlos por su frecuencia, un dato que ilustra la magnitud del problema.
Estas limitaciones ya se han manifestado en ejercicios reales. En maniobras polares en Canadá, vehículos todoterreno del Ejército de Estados Unidos quedaron inutilizados en apenas 30 minutos porque los fluidos hidráulicos se solidificaron por el frío. En condiciones similares, soldados suecos recibieron dispositivos de visión nocturna valorados en unos 20.000 dólares que dejaron de funcionar al no soportar temperaturas de -40 grados. La lección es clara: en el Ártico, la tecnología más avanzada puede fallar en minutos.
En esta página:
Noticias relacionadas:
No hay comentarios todavía.
SSUAV
SSUAV