Vuelos nocturnos y drones de menos de 250 gramos: la polémica de la luz verde y el marcado C0
Permisos
Andoni Felipe 2026-01-22 21:11:55
Un problema técnico que se convierte en debate legal
El uso de drones de menos de 250 gramos en vuelos nocturnos ha generado una creciente polémica entre pilotos recreativos y profesionales en España. El origen del conflicto está en el comportamiento de algunos modelos muy populares, como el
DJI Mini 4 Pro, cuyas luces traseras de estado se apagan automáticamente cuando el piloto inicia la grabación de vídeo.
Esta decisión de diseño, pensada para evitar que la iluminación interfiera en las grabaciones nocturnas, deja al dron prácticamente invisible durante el vuelo, lo que entra en tensión directa con las exigencias de la normativa europea de seguridad aérea.
La exigencia de la luz verde intermitente
La normativa europea establece que, durante las operaciones nocturnas, las aeronaves no tripuladas deben portar una luz verde intermitente. El objetivo es mejorar la visibilidad del dron y permitir que cualquier observador pueda diferenciarlo de la aviación tripulada.
Un aspecto clave es que esta obligación no recae sobre el fabricante, sino sobre el piloto a distancia. Es el operador quien debe asegurarse de que el dron cumple este requisito durante el vuelo nocturno, independientemente del diseño original del sistema de iluminación.
La solución inmediata y el problema del peso
Ante la ausencia o desactivación de la luz verde, muchos pilotos optan por instalar una luz LED intermitente adicional. Esta solución permite cumplir con la norma y mejora de forma clara la seguridad durante el vuelo nocturno.
El problema surge cuando esa luz supone añadir una pequeña carga de pago, normalmente de entre 3 y 4 gramos. En drones con marcado de clase C0, cuyo peso máximo declarado es de 249 gramos, este incremento puede hacer que se supere el umbral de los 250 gramos y se cuestione la validez de dicha clasificación.
El margen técnico del 3 % y su interpretación
Los estándares técnicos europeos conceden a los fabricantes un margen de tolerancia del 3 % sobre la masa máxima al despegue declarada. Esto implica que un dron certificado con 249 gramos puede, en la práctica, alcanzar pesos cercanos a los 256 gramos y seguir siendo considerado conforme a la certificación C0.
No obstante, este margen está concebido para absorber variaciones de fabricación entre unidades, no para modificaciones realizadas por el usuario. Aun así, muchos pilotos defienden que un aumento de peso de apenas unos gramos no altera de forma significativa el perfil de riesgo ni la energía de impacto del dron.
Precedentes y criterio de seguridad
Existen precedentes en los que la autoridad aeronáutica española, la
AESA, ha aceptado incrementos mínimos de peso en drones ultraligeros cuando estos estaban justificados por motivos de seguridad. En casos anteriores, como la instalación de protectores de hélices, se priorizó la reducción del riesgo frente al cumplimiento estricto del peso.
Este mismo razonamiento es el que muchos pilotos aplican al vuelo nocturno, ya que resulta difícil sostener que un dron de 253 gramos con luz visible sea más peligroso que uno de 249 gramos prácticamente invisible en la oscuridad.
La opinión de las fuerzas y cuerpos de seguridad
Consultados distintos miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, la opinión es mayoritariamente coincidente. Desde un punto de vista operativo y jurídico, las medidas de seguridad tienen carácter preferente frente a otros requisitos formales.
Los agentes consideran más seguro un dron ligeramente por encima del límite de peso, pero claramente visible, que uno que cumpla estrictamente los 249 gramos y pueda perderse de vista durante un vuelo nocturno. En caso de conflicto normativo, la seguridad suele prevalecer como criterio interpretativo.
Una alternativa sin añadir carga de pago
En el caso concreto del Mini 4 Pro, algunos pilotos han encontrado una solución que no implica añadir peso. Este modelo incorpora una luz blanca inferior destinada a facilitar el aterrizaje en condiciones de baja luminosidad, que puede activarse manualmente desde el mando.
Mediante la colocación de un adhesivo verde transparente sobre esa luz y activándola y desactivándola manualmente, se puede generar una luz verde intermitente. Dado que la normativa no especifica la frecuencia ni la intensidad exacta del parpadeo, esta opción permite cumplir la finalidad de la norma sin alterar el peso del dron.
Una normativa en proceso de adaptación
La controversia pone de manifiesto el desfase entre la evolución tecnológica y la regulación vigente. Mientras los drones ultraligeros incorporan funciones cada vez más avanzadas, la normativa no siempre contempla todos los escenarios reales de operación.
Hasta que se produzca una actualización normativa más clara, el consenso entre pilotos y autoridades parece inclinarse hacia una idea fundamental: en el vuelo nocturno, ver y ser visto es un elemento esencial de seguridad, incluso aunque ello suponga moverse en una zona gris desde el punto de vista regulatorio.
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